Si alguna vez pensaste que la realidad virtual era puro humo, ponerte el PlayStation VR2 con Horizon Call of the Mountain te baja a la realidad (virtual) en segundos. El primer minuto es asombro, el segundo es curiosidad… y, si te gusta la tecnología, el tercero es pura obsesión por entender cómo demonios funciona tan bien.
La sensación “wow” de Horizon (sin spoilers)
Horizon en VR2 no es solo “ver en 3D”. Es presencia.
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Seguimiento ocular (eye tracking): mirar un punto y notar que el mundo reacciona eleva la inmersión.
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HDR y pantallas nítidas: colores y negros que por fin no parecen “lavados” en VR.
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Hápticos en el casco: vibraciones sutiles cuando pasa algo grande (un trueno, una criatura enorme) te mete en la escena sin abrumarte.
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Sense Controllers: agarres, tensiones y gestos de manos creíbles. Trepar o tensar un arco deja de ser un “botón” y se vuelve una acción.
No es perfecto (ningún VR lo es): el cable único USB-C aún existe, y si te mareas con facilidad, conviene activar opciones de confort (teletransporte, viñeteado, giros por pasos). Pero la relación entre esfuerzo de instalación y recompensa es de las mejores del mercado.
¿Qué distingue al PS VR2 frente a otros cascos?
Más allá de “cuántas pulgadas” o “cuántos hercios”, la experiencia se siente redonda por tres cosas:
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Consola dedicada: nada de drivers raros o PC a tope; PS5 + VR2 = receta más simple (y estable).
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Eye tracking + foveated rendering: el sistema concentra potencia donde miras. Resultado: mejor rendimiento sin sacrificar nitidez en el centro.
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Ecosistema de juegos curados: menos catálogo que PC, sí, pero con joyas pensadas para lucir el hardware.
Si eres de PC VR o standalone, sigues teniendo ventajas (catálogo abierto, libertad sin cables). Pero si quieres calidad cinematográfica y cero dolores de configuración, VR2 brilla.